UN OFICIO QUE TE CAMBIA LA VIDA Y/O VACACIONES EN ENSENADA
Tengo tantas cosas que recordar de estas vacaciones, que son las primeras que paso, estando de vuelta a casa, se que insisto tanto sobre el punto, que podría resultar obsesivo, desde luego para aquellos que no hayan atravesado por una experiencia similar, y es que en un trabajo como el mío, lo más duro, por más difícil que este sea, nunca es el trabajo, sino lo externo.
Tijuana, Ensenada Mexicali, son casi siempre la primera plaza para todos, lo suficientemente lejos del centro, para que sea apetecible para los que empiezan, o van de salida…todos los que llegamos a ese sitio a trabajar , al menos en los tiempos recientes, recién cumplíamos treinta otros ni siquiera habían abandonado los veinte y era nuestro primer trabajo importante, al principio era una aventura, un trabajo increíble, una nueva ciudad y una nueva vida, pero la realidad la que se abrió como una grieta profunda frente a nuestras vidas pasados un par de meses era la de un trabajo lleno de una muy pesada responsabilidad, con una persecución interminable, cargas de trabajo insufribles y una pavorosa e insoportable distancia que es mucho más parecida a la soledad que cualquier otra definición que se les ocurra y mucho más cruda.
Cada quien habla como le va en la feria, se puede decir, pues hay que decir entonces que esta era una feria muy grande, todos y puedo subrayarlo, por que todos, los que veníamos de diversas partes del país, vivíamos soñando con volver a nuestras casas, no conocí, ni oí hablar de uno solo de ellos y ellas, que pensara en un futuro real, ya fuera en Tijuana o Ensenada o mucho menos en Mexicali, el cual no se desvaneciera como humo, a la más breve posibilidad de conseguir un cambio de ciudad. Puedo hablarles por que lo vi, de compañeros que vivían con la maleta puesta, recuerdo, la desesperación, los oficios que algunos enviaban mes con mes para solicitar su cambio de sede, las traiciones y lo que la gente era capaz de hacer, como terminar con una amistad de muchos y años por agandallarse un cambio, no cabe duda que las situaciones límites muestran lo mejor y lo peor de las personas y en algunos casos dolorosamente hay seres que no tienen nada bueno que revelar.
Cada uno de ellos, no obstante tiene su propia versión que contar, lo cierto es que a pesar de que muchos de nosotros pasamos tres años o tres años y medio en la ciudades mencionadas, y que llegaban momentos en que pensábamos que el duelo de ciudad, había concluido y que estábamos cerca de encontrar nuestros futuros en dichos lugares, la realidad es que aunque muchos, particularmente yo, llegamos a querer bien al sitio en que nos toco la fortuna de vivir, el más leve detonador, nos devolvía la insoportable nostalgia de nuestra ciudad, por que allá entendí con claridad, que el hecho de que existe un solo México es más que una metáfora una utopía, e ir de vacaciones a un lugar y vivir en el no tienen relación alguna y si bien es importante adaptarse, hay ausencias a las que no solo es difícil adaptarse, sino a las cuales no debes adaptarte o asimilarte, sin perder tu esencia y si, hasta ese grado doloroso llegan las diferencias y las distancias.
Es cierto que si existiera un premio a la adaptación y a la flexibilidad con respecto al cambio de ciudad, no me lo darían ni con mucho a mi, pero en mi defensa, esto no era la simple prepotencia de un capitalino ensoberbecido de smog, era una actitud general, lo mismo gente de Monterrey, de Puebla, de Sinaloa, de Torreón, de San Luis, del Estado de México, de Pachuca, de Guadalajara, de Guanajuato y de Ensenada(o no Claudia), un puño de ciudades que podría multiplicar por cien, para obtener el total de los viajes que cada uno de nosotros hizo, en los puentes, fines de semana, vacaciones, escapadas y el dolor, de la vuelta, el terrible dolor, que solo los que lo hemos vivido lo conocemos, separarse de familia, amigos, mascotas, ciudad, era tanto sufrimiento, que a veces uno se lo pensaba antes de volver de visita a casa, por que los primeros días de la vuelta a las ciudades donde trabajábamos era desgarrador, era llorar todas las noches, era una sensación de enfado y de perdida y resentir la diferencia en el trato, por que quiero que sepan, que en mi ciudad a pesar de todos los pesares, me siento consentida y bien tratada a cada paso y en casi cada sitio (obvio no en todos ni en todos los casos por que la gente que yo atendía en Ensenada era divina y acá son bastante malvados pero DF gana cien a uno en el trato al que concretamente yo recibí en Ensenada exceptuando en la Hussongs y el Hotel las rosas jeje
Volver de vacaciones a Ensenada y sus alrededores, fue maravilloso y me ubico en más de un sentido, al sumergirme en las maravillas y desventuras de la hermosa Cenicienta del Pacifico, pasear por San Diego fue toda una aventura, sobre todo por la falta de mapa y gasolina, y también lo fue vivir Tijuana con todo y las intensas crisis emocionales y estructurales que esta ciudad especifica y sus particulares recuerdos me provocan, al lado de mi increíble, sabia y paciente amiga, quien tuvo que darme terapia reparadora para poder sobrevivir y con quien pase un increíblemente maravilloso fin de semana de compras, mucha comida y platicas pendientes. Me latió también ver a los dos chaperones, chaperones de mi, uno del otro, aun no descifro esa parte extraña pero en fin.
Ensenadita preciosa, de hoteles caros y malos, con la mejor vialidad del planeta, con el mejor clima del mundo, con la vida serena y dulce, llena de amigos gente bonita y demás pendejos que le acompañan, como el naco al que le vendí o más bien regale por urgencia todas mis cosas a dos mil pesos y aun se puso roñoso el jodido, ya saben el típico “chilango” por el cual la gente piensa que todos somos gatos sin educación por estos lares, que no quería ser transado según él, en fin demasiados renglones para el taponcillo aquel, noche del Bahía y noche de confesiones con una amiga maravillosa con la que comparto, casi desde que la conocí conversaciones siempre muy fuertes e importantes, visitar al migrañoso querido jajá, por fin me envié mi ropa, seis cajas de ropa y una de zapatos, menos la otra que me robaron, ya me enoje lo suficiente para comentar mas al respecto, son demasiados trapos y mi bilis sí que esta escasa, LA HUSSONGS…. Borrachera y manguito, con dos amigas poca madre, con las que debí salir mucho más de noche, por que son la neta…hubo pendientes, gentes que visitar, pasar más tiempo junto al mar, disfrutar mucho más la carretera escénica, pero en realidad cumplí mis expectativas, corrobore mi amor por esta ciudad y comprendí que pese a todas las dificultades que vivo y viviré, tome la mejor decisión de mi vida al regresar al DF por que es mi lugar.
“Un oficio que te cambia la vida” me dijo alguien, y conceptualmente es cierto, solo tengo cuatro meses acá y ya tengo más “prospectos “ (que ninguno me interesa la gran cosa pero en fin) de los que tuve en los tres años y medio que viví en Ensenada, donde por cierto, es justo decirlo “No hay hombres” no lo digo yo, es algo que oficialmente se sabe, pero no se comenta a voz en cuello , a mi no me importaba la gran cosa, sobre todo al principio, pero a decir verdad, no es nada-divertido. Ahora me siento real, como si hubiese dejado de caminar entre bruma, me siento en mi espacio exacto, los lugares adecuados, a propósito de la ropa que toca, de las miradas y sonrisas que corresponden. Por supuesto me siento también atribulada e incompetente, a la vez de capaz y suficiente, sufro de stress de oficina, no tengo tiempo para nada, paso mucho tiempo en el tráfico, ya sufrí un asalto, tengo miedo todo el tiempo de perder mi trabajo, los usuarios me maltratan horrorosamente y no hay prudencia ni soporte que los detenga, pero tengo nuevos amigos, y estoy reencontrándome poco a poco con los de siempre, el teatro, los conciertos, el centro, la diversidad, la locura, la inestabilidad, el infierno y la gloria, de esta ciudad que es ella misma, pero en cierta forma es una proyección, una extensión de ti mismo, por que existe, si con toda su locura y toda su monstruosidad, pero que también te permite inventarla, modelarla, vestirla de flores o pintarle los labios de color negro, ajustarle unas medias caladas o convertirla en una fantástica loca… y es que no era Ensenadita, la que me hacia sufrir por que ella era perfecta única y maravillosa, era yo que lejos de esta proyección del DF que a la vez es mi reflejo, yo, me marchito y desaparezco entre sombras…un oficio que te cambia la vida dice ella , yo digo que en mi caso concreto, una elección auténticamente divina.

